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Dr. José Luis Fernández Zayas comenta sobre Sustentabilidad

José Luis Fernández Zayas en FOROS SOBRE REFORMA ENERGÉTICA

Breve explicacion sobre la situacion de las energias renovables.

Inauguración del Foro Global de Energías Renovables

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Más mercado para salvar el clima

Copenhague puede relanzar un capitalismo ecológico basado en la escasez de derechos de emisión de CO2.

La conferencia sobre cambio climático de la ONU, que se celebrará en Copenhague entre los días 7 y 18 de diciembre, pondrá a prueba el pronóstico de quienes piensan que la nueva economía va a estar condicionada por las actividades vinculadas a la mitigación y la adaptación al cambio climático. La consigna "descarbonizar la economía" lleva implícita la necesidad de limitar las concentraciones del CO equivalente a 450 partes por millón para que la temperatura media del planeta no suba más de dos grados. Y eso supone transformaciones enormes. En ese sentido, la conferencia puede dar señales claras del ritmo en que estos cambios se van a dar.

Pero ya hay indicadores de los cambios. Los ingresos de las empresas relacionadas con el cambio climático, como las de eficiencia energética y otras, aumentaron un 75% en el 2008 y alcanzaron los 530.000 millones de dólares, de manera que podrían exceder dos billones de dólares para el año 2020, según un informe de HSBC Global Research. La palanca del cambio ha sido activada. El más elemental principio de precaución ha espoleado las iniciativas. El mundo económico sabe que demorar la acción (dejándose llevar por los escépticos del cambio climático) es hacer jugar al planeta a la ruleta rusa. Ya el informe Stern pronosticó que, a largo plazo, el cambio climático podría erosionar el PIB entre un 5% y un 20% anual si no se pone coto a las emisiones.

El Fondo Monetario Internacional reiteró el viernes que la economía mundial podría sacar provecho de las acciones contra el calentamiento, pero juzgó que reducciones drásticas de gases mal planificadas puede comprometer la reactivación. "Una gran parte de los estudios que han insistido en que el coste de estas medidas es débil han tenido tendencia a partir del principio de que la economía va bien. Pero no es el caso actual", declararon los expertos del FMI Michael Keein y Benjamin Jones.

De hecho, el mundo económico europeo ya se ha visto convulsionado estos años por el protocolo contra el cambio climático (Kioto, 1997). Con la directiva europea de comercio de emisiones, un total de 12.000 industrias europeas y unas 1.200 instalaciones españolas tienen fijados unos techos de emisión anuales, de manera que si los supera deben acudir al mercado para adquirirlos a las empresa excedentarias. Así, los gobiernos han podido transferir a las industrias (responsables de la emisión del 45% del CO ) parte de los objetivos sobre de reducción de gases; aunque apretar el cinturón a otros sectores exentos ahora de estas restricciones (transportes, edificación) no está siendo tan fácil.

Europa ha optado por los mercados de carbono como una de las grandes apuestas para arrinconar la dependencia de los combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón), principales responsables del calentamiento. El resultado es que el aire limpio (los cupos o derechos del CO no emitido) ha empezado a cotizar al alza, como un valor que refleja la escasez. Y ese es el lenguaje que mejor entiende el neocapitalismo ecológico que se está abriendo paso - al menos, es el que impulsa la UE-y que puede verse reforzado en Copenhague.

La cita de Dinamarca es importante porque las empresas necesitan planificar sus estrategias en materia de energía en un horizonte de 25 o 30 años. Sectores como las eléctricas, las cementeras o la siderurgia (el papel, el vidrio o la loza) deben saber cuál es la solución energética más favorable en el nuevo contexto. Y, en segundo lugar, deben conocer cómo funcionarán los mercados mundiales de carbono. En Copenhague no estará listo el nuevo tratado contra el cambio climático (seguramente, se aprobará en México el año que viene); pero se pondrán las bases para un protocolo futuro en el que los mercados del CO2 incluirán a EE. UU., junto a la UE, Australia, Canadá, Japón y Nueva Zelanda.

Será un mercado muy potente, que permitirá hacer aún más flexible el esfuerzo de las industrias para reducir sus gases invernadero. Las empresas tendrán, en primera instancia, la posibilidad de introducir mejoras tecnológicas y recurrir a las fuentes limpias para reducir sus emisiones in situ (en la propia planta). Pero, si les sale más a cuenta, su salida será acudir al mercado para obtener estos derechos o créditos de carbono. "La gran ventaja es que las empresas podrán recortar sus gases donde les resulte más barato y donde tengan menos costes económicos y sociales", dice Josep Garriga Sala, economista y especialista en cambio climático. La cuestión será garantizar que el precio de la tonelada de CO2 pueda resultar disuasorio.

Si su coste es muy elevado, necesariamente las empresas deberán actuar preventivamente y optarán por las inversiones limpias en sus factorías.

En el futuro será un mercado cada vez más amplio, puesto que, además de involucrar a todas la empresas de los países industrializados, en un plazo de entre cinco o diez años podría incorporar a algunos sectores industriales de los países en desarrollo.

Pese a todo, el mercado de carbono previsiblemente seguirá siendo cuestionado por algunos sectores; pero es falsa la idea de que legitime la compra de derechos de emisión o créditos de carbono para "seguir contaminando". La filosofía que rige este sistema es que los límites y cupos asignados a los países y las industrias se vayan reduciendo progresivamente, de manera que lo que se seguirá comercializando en el futuro será la escasez. Si no hubiera límites, esa crítica estaría justificada. Pero no es un mercado libre, sino que está regulado.

La lucha contra el cambio climático reunirá también la contribución de los sectores de la aviación internacional y el transporte marítimo, que hasta ahora habían quedado al margen. En el futuro, a partir del 2013, en el marco del nuevo tratado, todas ellas deberían apretarse el cinturón igualmente. Los datos son tozudos. La aviación internacional aporta el 2,8% de las emisiones de gases invernadero y el transporte marítimo, otro 3,5%, según los datos del inventario europeo del 2009 elaborado por la Agencia Europea de Medio Ambiente.

¿Qué sectores saldrán fortalecidos de la cita de Copenhague? Hay coincidencia en que las energías renovables van a salir reforzadas. Hay que tener en cuenta que las inversiones en tecnologías limpias - según prevé el protocolo de Kioto-dan lugar a certificados de reducción de gases que se pueden convertir en créditos de carbono comercializables. España es un ejemplo de la importancia de las renovables. Con un impacto de 7.315 millones de euros, representan el 0,67% del PIB; ocupan a 120.700 trabajadores, evitan la importación 10 millones de toneladas equivalentes de combustibles fósiles (valoradas en 2.725 millones de euros), y mitigan la emisión de 23,6 millones de toneladas de CO , según un informe 2 de la Asociación de Productores de Energías Renovables-APPA del 2008.

De hecho, la política energética de la UE basa su competitividad en hacer frente al calentamiento (coches con menos emisiones de CO por km recorrido, 2 objetivos sobre renovables...). Es todo lo opuesto al derroche norteamericano. Si la flota de vehículos deportivos de EE. UU. tuviera los mismos estándares que los europeos, el combustible sobrante podría cubrir las necesidad de electricidad de los 1.600 millones de personas que ahora carecen de electricidad en el mundo.

Otro sector que recibirá un espaldarazo será el de la captura y almacenamiento de CO . Aquí, el 2 interés procede sobre todo de las plantas térmicas de carbón, cuyo desarrollo y continuidad futura depende en gran medida de la capacidad de desarrollar tecnologías que pongan estos gases bajo tierra, en lugar de expulsarlos por la chimeneas. "Si las térmicas capturan el CO2, no tendrán que comprar derechos de emisión; será un gran ahorro económico", dice Garriga.

De hecho, todos los sectores vinculados a la producción de energía estarán muy atentos a los nuevos movimientos. Se calcula que de aquí al año 2030, casi dos terceras partes de las instalaciones de producción energética deberán ser renovadas al quedar obsoletas. Y, por lo tanto, en el caso de las plantas térmicas (dado que aún quedarán muchas reservas de carbón) deberán planificar su construcción con equipos más eficientes, y, sobre todo, con captura de CO porque si no, dado los previsibles 2 altos costes de la tonelada de los crédito de carbono, sus costes se dispararían. Las empresas necesitan señales claras. Y estas deben venir de Copenhague.

Y otro asunto clave: los mercados de carbono son la gran esperanza para financiar las inversiones y la ayuda que los países en desarrollo necesitan para impulsar sus planes de adaptación y mitigación del cambio climático. A partir del 2013, una parte de los ingresos que obtengan los estados por la subasta de los derechos de emisión de CO se destinarán 2 a estos planes en los países pobres (que piden esta ayuda a cambio de arrimar el hombro). Y el fondo de adaptación al cambio climático de la ONU, creado para el mismo fin, se financia con las transacción de los créditos de carbono. Más mercado, pues, en todas partes. Pero ¿podrá este mercado global proteger el clima?

por: Antonio Cerrillo
fuente:http://www.lavanguardia.es/